Dormida

Abrió los ojos de golpe con el ruido de la puerta principal al cerrarse. El otro lado de la cama estaba vacío, como todas las otras ocasiones en las que habían pasado la noche juntos. Pero esta vez se había hecho la dormida.

Con un ojo medio abierto, había visto cómo buscaba los calzoncillos por toda la habitación, resoplando y desesperándose cada vez más, para después encontrarlos debajo de la cama. Con el párpado tembloroso, había observado cómo se ponía los vaqueros cuidadosamente, en una postura muy cómica, intentando no hacer ruido. También había visto cómo intentaba quitarse con saliva una mancha de vino en la camisa, y, enroscada entre las sábanas, había notado la mirada de él recorriendo su cuerpo desnudo de arriba a abajo.

Abrazada a la almohada, había estado a punto de abrir los ojos, bostezar y estirarse, hasta que el tono del móvil de él hizo que desaparecieran sus ganas de desayuno. Con voz suave, había escuchado como susurraba al teléfono: ”Que sí, tonta, nos vemos luego“.

Silvia Resola.
@silresola

Microrrelato para el concurso ‘Mil caracteres, una historia’ de Signo Editores & Hablando con letras. 

Foto: Pinterest

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