En el metro de Madrid

Siempre se le había dado bien leer a la gente. Era algo que podía considerar como un don o una maldición a partes iguales, ya que a veces le bastaba una mirada para descifrar cosas que preferiría no haber sabido.

La pareja que tenía enfrente había discutido hacía poco. Lo sabía porque ella aún tenía los ojos llorosos y la vista en punto fijo, cabizbaja. Él, pensativo, miraba de reojo hacia ella de vez en cuando, a punto de abrir la boca, pero a veces es mejor no decir nada. Ya se habían dicho demasiado. Se habían dicho de todo. Las cosas últimamente se estaban volviendo más complicadas… Y se preguntaban cómo lo arreglarían esta vez.  Al llegar a Argüelles, ella se levantó de un suspiro y él la siguió con resignación, dejando sus ganas en ese asiento del vagón.

Junto a la puerta, un chico de veintitantos deslizaba su dedo por la pantalla del móvil con cara de aburrimiento. Todavía no sabía qué hacía usando Tinder, con tres citas fallidas a sus espaldas. Camino de la cuarta, se preguntaba si no sería mejor volver al método tradicional de arrimarse a la amiga de la guapa una noche cualquiera en el Ocho y Medio. Al menos así no fallaría tanto. Y si lo hacía, siempre le quedaba el kebab a las seis de la mañana como premio de consolación.

metro

En Callao se había subido una mujer con un niño pequeño de la mano. Madrid les había acogido como si llevaran allí toda la vida. Sin embargo, encontrar trabajo se le estaba haciendo más difícil de lo que pensaba, y la experiencia estaba bastante alejada de aquella tan idealizada que le habían contado. El niño jugaba en el asiento mientras mordisqueaba un bocadillo, ajeno a la preocupación y esfuerzo de su madre por darle un futuro mejor. Lo entenderás cuando seas mayor.

A su lado, una chica se atusaba el pelo y ponía morritos frente al móvil, cambiando de postura varias veces hasta elegir la más adecuada para un buen selfie. Al otro extremo del vagón, un hombre de unos cincuenta y muchos miraba con desaprobación a dos chicos que demostraban su afecto en público. Enfrente, dos chicas se saludaban sonrientes, fingiendo que no se habían visto al entrar.

Un grupo de amigos entró desde la estación de Lavapiés. Y mientras los observaba y adivinaba cuál era el rol que desempeñaba cada uno de ellos, se dio cuenta de algo.

Mierda.

Se había vuelto a pasar de parada.

Silvia Resola.
@silresola

Foto: Metro de Madrid y Esquire

Anuncios

6 Comentarios Agrega el tuyo

  1. aareth47 dice:

    Bonita y detallada de un viaje cualquier de alguno de nosotros en el suburbano , enhorabuena!!👏🏻👏🏻Silvia

    1. Silvia dice:

      Muchas gracias por pasarte por aquí y por tu comentario 🙂 me alegra que te haya gustado!

  2. Has hecho que me imagine la escena como si la estuviera viendo con mis propios ojos. ¡Eres grande Silvia!

    1. Silvia dice:

      Muchas gracias señorita November! me encantan tus críticas y comentarios motivadores, gracias por estar ahí 🙂

  3. reesiak dice:

    Genial relato! Me ha encantado 👍🏼

    1. Silvia dice:

      Muchas gracias!
      me alegro de que te haya gustado 🙂

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s