De citas III

citas3

La invitó a cenar a su restaurante favorito. En la mesa apartada, la de la esquina, la de la luz tenue y discreta. La misma en la que se sentó con Mónica. Y con Sonia. Y con Andrea.

¿O se llamaba Raquel?

Pero ahora eso daba igual. Ahora se encontraba allí, con Carla.

Carla le sonreía al otro lado de la mesa. Era una chica guapa, divertida y había algo en ella que le resultaba muy interesante. Y no, no eran solo sus labios carnosos  –pidiendo a gritos ser mordidos–, ni tampoco la forma en que el flequillo caía sobre sus ojos, ni lo bien que encajaban esos vaqueros en su cuerpo. Era algo más. Algo que no sabría explicar.

A decir verdad, Carla era el tipo de chica de la que cualquiera, en su sano juicio, se acabaría enamorando. Pero él no podía.

Porque Carla tenía un punto de timidez y de picardía irresistibles, una mirada penetrante y un tono de voz sedante, además de hacerle reír como nadie lo había hecho en mucho tiempo. Porque era guapa, era lista y encantadora.

Pero.

Pero no era ella. Aquella a la que había dejado escapar. La que había desaparecido de su vida sin mirar atrás. La que lo había dejado hecho añicos. Aquella que buscaba en cada sombra femenina.

No, Carla no era ella. Al igual que tampoco lo fueron ni Mónica, ni Sonia, ni Andrea.

¿O era Raquel?

Pero ahora eso daba igual.

Una más en la lista.

Otra menos en el corazón.

Silvia Resola.
@silresola

Lee aquí los otros relatos De citas.

Anuncios

Un comentario Agrega el tuyo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s