Yo a esto no juego

miranda

En línea

Nunca entendió ese juego estúpido de tener que mostrar lo contrario de lo que sentía. Nunca se le dio bien actuar.

– ¿Entonces no le hablo?

– Espera a que lo haga él.

Suspiró y dejó el móvil en la mesa. Se conocieron en la fiesta de cumpleaños de una compañera de trabajo. Le pareció mono, y aunque al principio no se fijó en él, a medida que avanzaba la noche consiguió arrancarle unas cuantas carcajadas y en un abrir y cerrar de ojos había captado toda su atención. La gente con labia tiene mucho peligro. Volvieron a verse semanas después por sorpresa en su bar favorito, donde intercambiaron miradas, sonrisas pícaras y números de teléfono. Y llegaron las citas. Unos cafés, unas cañas por La Latina, un cine, un concierto de jazz. Todo fluía con naturalidad, se dejaban llevar.

Últ. vez hoy a las 19:35

Desde el principio se había mostrado receptivo. Y ella también. Si decían que se llamarían, lo cumplían. Si uno rechazaba un plan, el otro proponía una alternativa. Si tenían una semana ajetreada, buscaban una excusa para verse y descargar tensiones.

Un día él dijo que llamaría y no lo hizo. Me da igual, ya le llamo yo. Nunca había tenido ningún problema en tomar la iniciativa. Él dijo que estaba hasta arriba esa semana y le era imposible quedar. Bueno, no pasa nada. Ya nos vemos otro día.

– Seguro que te llama mañana.

– Ya

Había pasado casi una semana.

Volvieron a verse un viernes, cuando él llamó a su telefonillo por sorpresa a las diez de la noche. Recogió el bol de cereales de la mesa y la manta enrollada del sofá, quitó la película que estaba empezando en la tele, y tras quince minutos de quitarse el pijama y ponerse “lo primero que pillara”, volvió a contestar: Sube.

Él apareció por la puerta con una botella de vino y una sonrisa magnética. Cenaron, rieron, bebieron y no tardaron en pasar a su habitación. Él seguía igual de divertido y encantador que siempre, lo que le hizo olvidar su extraña ausencia de esa semana. El sábado por la mañana, después de un buen desayuno, se despidió prometiendo una llamada en los próximos días.

Y no llamó. Pasó otra semana, y cuando finalmente ella dio el primer paso, él se excusó diciendo que seguía muy ocupado. En su voz había algo diferente, pero intentó no darle demasiada importancia. Volvieron a verse en varias ocasiones, pero cada vez se prolongaba más la distancia entre sus encuentros.

 En línea

 Y ahí estaba ella. Con la mirada fija en la pantalla del móvil. Esperando. ¿Esperando a qué? ¿Y por qué tenía que esperar? “Te está dando una de cal y otra de arena”, le decían, “Tú tienes que hacer lo mismo”. No sabía en qué momento esto se había convertido en un juego, pero desde luego, no le gustaba nada el papel que le había tocado interpretar. ¿Por qué tenía que analizar cada uno de sus movimientos como si una partida de ajedrez se tratase? ¿Por qué no podía seguir dejándose llevar?

Repasó mentalmente la última vez que quedaron. Quizás fue algo que hice. Quizás fue algo que dije.

– ¿Y si le pasa algo?

– ¿Qué le va a pasar?

– No sé, a lo mejor está preocupado por el trabajo, por un tema familiar… ¿y si le pregunto?

– Ni se te ocurra. Pasa de él y ya verás como vuelve.

¿Y cómo iba a notar él su fría indiferencia si ya estaba pasando de ella? ¿Y por qué tenía que fingir algo que no sentía? Aunque la idea de recibir otra negativa por su parte borraba cualquier intención de ponerse en contacto con él.

Últ. vez hoy a las 20:07

 Se asomó a la ventana con una taza de café para ver a la gente pasar y se fijó en una pareja acurrucada en un banco. ¿Habrían tenido que jugar ellos también para llegar hasta una relación estable? ¿Habrían tenido que aguantarse las ganas y jugar al tira y afloja? ¿Habrían tenido que callarse y esperar a que el otro moviera ficha? ¿Y cuánto tiempo dura eso?

Eso de sentarse y esperar no iba con ella. Quería las cosas sencillas. Si me apetece verte, te llamo. Si te gusto, me lo demuestras. Volvió al salón al oír un nuevo aviso del móvil.

Escribiendo…

– Hola guapa, ¿tienes planes esta noche?

Levantó una ceja. Decidió que si no le gustaba ese juego, no tenía por qué formar parte de él.

Sí, tengo planes. Y tú no estás en ellos…

 

Silvia Resola.

Foto: Pinterest

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: