Recordándote

Cuando te conocí me dejaste impresionada. Tu imponente personalidad, esa manera que tenías de tratar con gente de cualquier parte del mundo, esa elegancia que solo tú desprendías.

Me presentaste a mucha gente, incluso me reencontraste con viejos amigos. Me diste a conocer tu lado más alternativo en Camden Town, entre sus puestos y el Proud, con su gente extraña, su aire romántico y decadente. Conocí tu estilo más clásico y sofisticado en las calles de Westminster, con el Big Ben a un lado y Trafalgar Square al otro, rodeada de turistas que no dejaban de admirarte. Empecé a cogerte cariño contemplando el skyline desde Primrose Hill y en mis visitas a Tower Bridge, y en Kensington me enseñaste tu escondite.

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Pero no siempre nos llevamos tan bien. Había días en los que no sabía qué esperar de ti, días en los que me mostrabas tu lado más frío y oscuro y me hacías sentir una extraña más entre la multitud. Días en los que no sabía quién era ni qué estaba haciendo allí, en los que la luz del sol no era más que un mero recuerdo de lo que dejé atrás.

Sin embargo, supe sacar lo mejor de ti. Descubrir un rincón nuevo cada día, caminar escuchando todo tipo de idiomas y sentarme a ver el Támesis se convirtieron en mis deportes favoritos. Pequeñas cosas como subir al segundo piso de tus autobuses rojos y recorrerte de arriba a abajo, vivir momentos surrealistas y conocer gente de la manera más inesperada. Tu magnetismo me fue envolviendo poco a poco y yo me dejaba llevar, como un amor de verano al que sabes que pronto tendrás que decir adiós.

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Aprendí a hacer de la soledad mi aliada y a sentirme libre, a crear mi espacio entre las calles residenciales y los vecinos multiculturales de Hackney. A empezar a convertirme en lo que algún día quiero llegar a ser, en uno de mis paseos desde Shoreditch a Dalston. Me di cuenta de lo fácil que es echar de menos y lo difícil que es demostrarlo mientras caminaba por Springfield Park, y que se necesita muy poco tiempo para coger cariño a alguien a la vez que iba a por la segunda pinta en un pub de Leicester Square.

Y ahora reconozco que una parte de mí se quedó allí, que un pedazo de esa ciudad ha vuelto conmigo y me pertenece, al igual que yo a ella.

Que te echo de menos más que nunca.

Y por eso, London, sé que tú y yo volveremos a encontrarnos.

Silvia Resola.

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Me he visto reflejada en muchas de tus palabras. Esa ciudad es especial. Desde cualquier perspectiva.

    1. Silvia dice:

      Desde luego que sí… muchas gracias por comentarme! =)

  2. Elena dice:

    Me parece que todos pasamos por lo mismo en esta ciudad, hay días que te preguntas qué haces aquí (sobre todo cuando ya no puedes soportar el gris) y otros que no te ves viviendo en ningún otro lugar.

    Yo sé que la echaría de menos si un día tuviese que irme 😉

    1. Silvia dice:

      Muchas gracias por tu comentario! Yo sabía que la iba a echar de menos… pero no imaginaba cuanto! Espero volver pronto 😉

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