Preparados, listos…

añonuevo

Otro año que se acaba. Y ahí estás tú, entre la cena y las uvas, meditando sobre lo rápido que pasa el tiempo y la de cosas que te habías propuesto y no has hecho, con lo motivado/a que estabas en enero. Y mientras Anne Igartiburu y el sustituto de Ramontxu explican por enésima vez que los cuartos suenan “dindón, dindón” y que no te comas las uvas todavía, piensas en lo que ha sido 2013 para ti y haces balance de lo bueno y malo, cinco minutos antes de la cuenta atrás.

Y te paras a pensar y no te salen las cuentas. “Cuando empezó el año yo tenía más amigos”. En algún momento te has sentido traicionado y ahora tu círculo de confianza se ha reducido. Puede que cada vez sean menos, pero tienen más valor. Una campanada.

De pronto caes en que quizás has sido tú el que has decepcionado a alguien sin ni siquiera darte cuenta, porque estabas demasiado ocupado pensando en tus cosas. Dos.

Puede que, por el contrario, haya entrado gente nueva en tu vida como un soplo de aire fresco. Gente con la que has compartido mucho y que se ha ganado un hueco, ocupado también por los que ya estaban ahí, esos que te han visto en todas tus etapas. Algunos están cerca, otros lejos. Has aprendido a echar de menos y a hacer que la distancia no sea una barrera. Tres.

Has viajado, has visitado nuevos lugares e incluso has vivido durante un tiempo en otra ciudad, en tu país o en el extranjero; lejos de casa, adaptándote a sus costumbres, a su gente, a su rutina, hasta conseguir que te pertenezca. Allí has vivido experiencias que no se van a volver a repetir, y te gustaría transportarte a cada una de ellas. Y si no lo has hecho, quién sabe, puede que 2014 sea tu año. Cuatro.

Aunque todo aparenta ser igual, sabes que algo dentro de ti ha cambiado. Ya no ves las cosas de la misma manera, ni tus preocupaciones son las mismas. O a lo mejor es al contrario, sientes que todos han cambiado, menos tú. Cinco.

Quizás has encontrado a alguien este año, o te han encontrado a ti. A lo mejor te has encontrado a ti mismo, que también hace mucha falta. Seis.

Es posible que recuerdes todas las razones que has tenido para reír, o que este no haya sido tu mejor año y estás deseando que termine, o un fifty fifty: puede que, a pesar de haber tenido más motivos para llorar, hayas sabido hacer trampas y reírte de lo jodida que es la vida a veces. Siete.

Se te están empezando a acumular las uvas, como cada vez se te juntan más cosas que hacer y menos horas para dormir. Ocho.

Reconoces y te avergüenzas de no haber visto tantas películas ni leído tantos libros como querías. Te lo propones para el año que empieza –Déjalo, tampoco lo harás. Nueve.

Recuerdas tu última Nochevieja y te preguntas dónde estarás en la próxima. Diez.

Echas un último vistazo atrás… Once.

Y te preparas para lo que tienes delante. Doce.

Otro año que empieza. Y ahí estás tú, con las uvas en la boca –si es que no se te han caído antes-, brindando con los tuyos y pensando en todo lo que te has propuesto hacer y no harás, y en todo lo que vivirás sin haberlo planeado.

¡FELIZ 2014!

Silvia Resola.

(Foto: Engelien – Pinterest)

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