Obrigada

Hay personas que en un principio no te llaman la atención, pero de repente, sin comerlo ni beberlo… chas, te enamoran. No sabes qué tiene, porque tampoco es nada del otro mundo. No sabes si será su voz, esa labia con la que se mete a cualquiera en el bolsillo, el sonido de su risa o esas ocurrencias que solo él o ella puede tener. Ya puede ser la misma tontería que alguien ha dicho minutos antes, pero “es diferente, porque él o ella es especial”. Te atrae, te hipnotiza y cada cosa que dice o hace te va atrapando cada vez más, hasta que –aunque al principio te cueste reconocerlo- caes rendido.

Lo mismo pasa con las ciudades. Hay lugares que no son tan grandes, ni tienen tantos monumentos, ni paisajes, ni son tan bonitos o concurridos como otros, pero te enamoran. Cuando llegas no te parece especial, de hecho, podrías empezar a enumerar ciudades que le dan mil vueltas. Luego empiezas a conocerla poco a poco. Sus edificios, sus olores, sus calles, su ambiente. Vas descubriendo su encanto, hasta que, de pronto, ahí está: una plaza, un río, un puente, un callejón. Chas, te has enamorado. Como cuando te terminan de conquistar con una sonrisa o con una frase absurda.

Pero una ciudad también puede enamorarte por lo que has vivido en ella, por las personas con las que fuiste y por las que has conocido allí. Yo descubrí Oporto paseando con dos buenas amigas, cruzando el Puente Don Luis I, huyendo de vagabundos que ni siquiera nos perseguían, ligando con portugueses, escuchando canciones en discotecas que siempre te transportarán a ese momento, tomando chocolate en el Majestic, charlando con un loco taxista, diciendo “obrigada” cada vez de una forma diferente y durmiendo en su aeropuerto.

Oportoo

Años después volví con las mismas ganas que se tienen de ver a un viejo amigo (y así era), para volver a cruzar ese puente, conocer sus bodegas y sus vinos (Offleysiempre), admirar la desembocadura del Duero, salir de fondo en la televisión portuguesa, poder disfrutar de cervezas y buena compañía junto al río y vivir un montón de situaciones graciosas e irrepetibles con gente insustituible. Y sí… chas, me volví a enamorar.

Silvia Resola.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s